jueves, 16 de junio de 2016

5 eco tips que he incorporado a mi rutina diaria

Una vez leí en una guía sobre prácticas responsables aplicables al día a día algo así como que no hay nada más tonto que no hacer nada porque piensas que lo que puedes aportar es poco. Estoy totalmente de acuerdo. Por el contrario creo que, como propone Luis Galindo, nuestro mundo está compuesto de la suma de pequeños jardines individuales, y cada uno de nosotros tiene que cuidar el suyo hasta convertirlo en un precioso vergel para que el conjunto sea mejor.

Con esta mentalidad es con la que poco a poco voy incorporando pequeñas rutinas que reduzcan la huella de carbono que mi existencia va dejando a su paso. Como todo, es cuestión de prueba y error. Hay estrategias o productos que he probado y después desechado porque no eran operativos, porque creaban más inconvenientes que ventajas, porque eran demasiado caros para ser mantenidos en el tiempo o simplemente porque no funcionaban en absoluto. Sin embargo hay tips que sí me han funcionado bien y que he decidido mantener e incorporar a mis rutinas diarias. Son los que siguen.

1.- Adiós (o casi) a los discos desmaquilladores de algodón.

Mi primer paso para limitar el inmenso derroche diario de algodones desmaquillantes vino de la mano de Ana del blog Organicus -súper recomendable- y su propuesta DIY para hacer tú mismo discos reutilizables. Los hice, pero creo que elegí mal el tejido: no limpiaba bien, rascaba la piel, no salían limpios de la lavadora... y me vine abajo. Creo que su idea era buena y de hecho he leído después otros blogs en los que cuentan lo bien que funcionan, pero yo me equivoqué y en lugar de insistir tiré la toalla. Mea culpa.

Tiempo después opté por comprar unas esponjitas naturales. Dependiendo del producto con el que lo combines (jabón, leche limpiadora...) desmaquillan bastante bien. El problema es que aunque duran varias semanas y son 100% naturales y ecológicas (o eso pone en el envase), siguen siendo un producto desechable. Además, después de unos días de utilizarlas empezaban a coger un colorcillo grisáceo que no invitaba mucho a pasarlas por el rostro, la verdad.



Hace algunos meses descubrí en un videoblog de belleza unas toallas de microfibra especiales para el rostro. Me picó la curiosidad y compré una en el Clarel que hay cerca de mi casa. La humedezco con agua, la escurro bien y me limpio el rostro sin utilizar ningún producto. Retira todo el maquillaje. Eso sí, jamás la utilizo en los ojos; la máscara de pestañas de momento la sigo retirando con un desmaquillante específico y un disco de algodón. La toalla de microfibra retira la máscara de pestañas con bastante esfuerzo y se lleva además dos o tres pestañas cada vez que la utilizas. Os recomiendo no probar. De momento no tengo solución para el maquillaje de ojos que no incluya un disco de algodón.



Estas toallas en realidad son similares a las que se utilizan para limpiar el polvo o como bayetas en la cocina. Según la marca el tacto es más o menos áspero y el pelo más o menos largo. Pero sobre todo, según la marca el precio es más o menos razonable. La que yo tengo cuesta unos cinco euros, pero sé que la que distribuye Sephora bajo su marca cuesta la friolera de 20 euros. Francamente me parece un disparate. 

Me gusta este sistema porque se adapta bien a mi piel, cumple correctamente su función de retirar el maquillaje, su mantenimiento es sencillo incluyéndola en la colada de vez en cuando -sale perfectamente blanca de la lavadora-... Con ello he reducido bastante el uso de discos de algodón (aunque todavía tengo que resolver lo de los ojos) y además he dejado de gastar un montón de productos minimizando así el impacto de los correspondientes envases. 

Me queda probar la toalla desmaquilladora que ha sacado Body Shop, que aunque no es de microfibra la idea es la misma. Cuesta 6€ y se puede utilizar solo con agua o bien combinada con agua micelar. Por lo que tengo entendido el tacto es más suave y menos agresivo.

Imagen de la web de Body Shop


2.- Frascos para la cocina

Desde hace algún tiempo guardo los tarros de cristal de un producto que compramos con frecuencia. Sonará un poco friki, pero se trata de frasco del mix de pepinillos y cebolletas en vinagre marca Hacendado de Mercadona. Nos gustan y siempre tenemos en la despensa. Podría ser el tarro de cualquier otra cosa, pero en mi caso descubrí que tenían el tamaño perfecto para mis armarios. ¿Para qué comprar tarros de cristal si puedo reutilizar los que ya tengo?


Cuando están vacíos los meto en el lavavajillas; la etiqueta se desprende sola de una pieza en el proceso de lavado y no deja restos de adhesivo. Esto parece una tontería, pero he desechado otras opciones porque tenía que dejarlos a remojo con agua caliente, frotar con alcohol de quemar y dejarme las uñas rascando.



Al principio les ponía unas etiquetas muy monas pegadas al cristal del tarro, pero después opté por utilizar una máquina de rotular ultra-viejuna-vintage que tenía en un cajón del escritorio dese que era pequeña y para la que temí no encontrar recambio de cinta. ¡Pero sí encontré! Prefiero pegar la etiqueta en la tapa porque si tengo que lavar el frasco por alguna razón la etiqueta no se me echa a perder. Me encanta cómo lo tengo ahora todo ordenado, igualito, identificado... 

3.- Bolsas de lona y el clásico carrito de la compra

Este es un eco tip bastante clásico, pero cada día alucino con la cantidad de bolsas de plástico que seguimos utilizando.



El carro de la compra para mí es imprescindible, porque no conduzco y voy a la compra andando. Es por pura necesidad física de no cargar tanto peso. De paso, le ahorro al medio ambiente un montón de bolsas de plástico. Si sé que voy a comprar algo (comida o cualquier otra cosa), llevo en el bolso una de las dos bolsas de lona que tengo y en ella voy recopilando todas mis adquisiciones. Son cómodas, resistentes, las puedo lavar cuando están muy sucias... Además las dos tienen mensajes que molan (a ver si de paso conciencio a alguien por el camino).



Como una no es perfecta ni visionaria, a veces me encuentro en la necesidad de pedir una bolsa de plástico porque no había salido de casa con la intención de comprar nada. En ese caso, siempre, guardo la bolsa para reutilizarla más adelante. 

4.- Gel y champú en pastilla

Todo empezó por unas pastillas de jabón artesanal que había hecho mi suegra y nos había regalado. Empezamos a utilizarlas en lugar del gel y cuando se nos acabó el jabón casero, compramos el de aceite de oliva de La Chinata. Es un pastillón de 300 gr que cuesta 1,95€ y dura un milenio. A nosotros nos gusta éste, entre otras cosas porque no reseca y no deja aroma en la piel, pero por supuesto hay opciones, marcas, texturas y aromas para todos los gustos.


Una vez acostumbrada a la pastilla de jabón para el cuerpo, me animé a probar una para el cabello. Aquí la cosa se puso más difícil. Probé varias marcas e incluso una pastilla artesanal que compré en un mercadillo y todas me dejaban el pelo como un auténtico estropajo. Diría incluso que lo dejaban peor que antes de lavarlo, y es complicado, porque de las pocas virtudes que tiene mi pelo es su aspecto pulido.

Al final, di con mi media naranja en Lush, una marca de cosmética americana con una filosofía muy eco -artesanal, no testado en animales, de comercio justo...- Compras a granel y te dan la pastilla en una bolsita de papel. Si compras productos con envase de plástico, los puedes retornar. La primera vez, compré además una jabonera de metal redonda, de manera que puedo llevar mi pastilla de viaje con comodidad si lo deseo. La pastilla de champú que suelo usar se llama Seanik, tiene 55 gramos y cuesta 8,95€. Me dura más de seis meses y eso que yo me lavo el pelo a diario. Deja el pelo mejor que ningún champú líquido o sólido que haya probado. Amor total.



¡Importante!: 
  • Tener la pastilla en una jabonera sobre la que no caiga el agua de la ducha o se hará una pasta escurridiza y bastante asquerosa que os aseguro que no os apetecerá utilizar sobre vuestro cuerpecito.
  • No utilizar la pastilla directamente sobre la piel para evitar que se adhieran cabellos o vello corporal. Es preferible frotar la pastilla entre las manos, dejarla en la jabonera y frotar el cuerpo  o el pelo con las manos enjabonadas. Una pastilla de jabón llena de pelos da mogollón de asco. 
5.- ¡Apúntate al DIY!

Desde pequeñita he sido bastante manitas en plan labores, dibujar, manualidades y cosas así, pero nunca le había visto el lado práctico y menos el lado ecológico. Sin embargo, últimamente he empezado a hacer yo misma muchas cosas que antes hubiera comprado. Da igual que no tengas muchos conocimientos de nada: toda la sabiduría que necesitas la encontrarás en forma de video tutoriales en Youtube. 



En los últimos meses he hecho jerséis, gorros y bufandas de lana para toda la familia, he cosido cuadrantes para mi cama, un cojín para la butaca de la terraza, he reutilizado botes, tazas y cajas para guardar cosas, he hecho bolsitas aromáticas de lavanda para los armarios con una camisa vieja de mi marido y organizadores de cables con una camiseta vieja... 


A veces es más barato que comprarlo (otras no), muchas veces reutilizas materiales que ibas a tirar, siempre evitas la fabricación, transporte y embalaje de productos manufacturados, pero sobre todo ¡te sientes de bien cuando ves en casa esas cosas que has hecho con tus propias manos! 


jueves, 9 de junio de 2016

Mermeladas Elasun

Un post para lamineros

A poco goloso -laminero, decimos en Aragón- que uno sea, la diferencia entre una buena mermelada artesana y una industrial es más que evidente. Personalmente las que más me gustan son las de arándanos y frutos rojos (solos o combinados) y la de higo, que me pierde. Está deliciosa con todo: dulce y saldado. Y de todas las mermeladas que he probado, aunque esté mal decirlo, mi preferida es la que hago yo. No es que sea una cocinera profesional, pero a la mermelada le he cogido el puntillo. Disfruto yendo a recoger los frutos y envasando tarros para el otoño y el invierno. Como para la primavera ya no me queda ni un solo frasco en la despensa, tengo que ir a la tienda y comprar para aguantar hasta la próxima remesa casera.



Sí, las mermeladas más ricas son las más caras

Cuando tengo que comprar la mermelada, mis marcas favoritas son La vieja fábrica, Bonne Maman y Elasun. Esta última es la que tiene una receta más natural y la que más se parece a la casera. También es cierto que es la más cara con amplia diferencia. Sin embargo, la mermelada no es un artículo de primera necesidad que elija en el supermercado con el chip de "ahorrar"; para mí la mermelada es un capricho, un delicatessen que o está delicioso o no me merece la pena comprar. Antes que comprar una mermelada cutre, prefiero untar las tostadas con miel o ponerles un chorrito de aceite de oliva. 

Para que os hagáis una idea, la mermelada de higos de La vieja fábrica viene a salir a unos 6,74€/Kg, la de Bonne Maman a 8,59€/Kg y la de Elasun a 18,57€/Kg (6,50€ el bote de 350 gr). Entre las más industriales, la de Hero de Higos de temporada sale a 4,86€/Kg y la de Helios a 4,21€/Kg. Es lo que hay y aquí cada uno debe mirar su bolsillo y decidir sus preferencias.




Elasun, la más natural


Como os decía, la mermelada de Elasun es la más natural de todas en su composición. Mientras que las industriales como la de Hero se elaboran con 50gr de fruta por 100gr y el producto final tiene más de 50 gr de azúcar por cada 100gr, la de Elasún se elabora con 66 gr de fruta por cada 100 gr (en el caso de la de higo que es la que ahora tengo en casa) y tan solo cuenta con 33gr de azúcar por cada 100gr de mermelada. 

Además, su receta no incluye gelificantes, conservantes ni colorantes, mientras que todas las demás sí llevan -incluso La vieja fábrica y Bonne Maman-. Utilizan fruta de mesa y además sus mermeladas están libres de gluten.




Y no sólo eso


Elasun me gusta además porque es un pequeño proyecto emprendedor de mi propia comunidad: Aragón. Tienen base en Barbastro, desde donde venden al resto de España y también exportan a Estados Unidos, Suecia, Francia, Noruega y Reino Unido. 

La empresa fue reconocida en 2011 con el Premio Especial Alimentos de Aragón de la Feria Qualimen y además obtuvo el Galardón Germana de Foix 2014 por su contribución al desarrollo de la Comarca del Somontano. 

Elasun colabora con talleres ocupacionales en parte de la elaboración de sus productos y además este año ha demostrado su compromiso solidario a través de una colaboración con AECC Huesca llamada "Con esta mermelada, regalas vida", donando una parte del importe de cada frasco a la asociación. 

Elena Escolano y Asunción Berroy pusieron en marcha este proyecto innovador hace ya trece años. Si se mantienen ahí, es gracias a sus elevados estándares de calidad, no hay duda.

Y ya sé que esto no aporta nada a la calidad del producto, pero... ¡el packaging es tan mono!



Información de interés:

ELASÚN MERMELADAS ARTESANAS
Pol. Ind. Valle del Cinca Nave B1 Par 48 bis
22300 Barbastro (HUESCA)
Telf. 974. 269 028 // 619 241 053 // 609 821 859
info@elasun.com
www.elasun.com

jueves, 2 de junio de 2016

Calzados Victoria, una historia de amor

¿Quién no ha llevado en su infancia unas zapatillas Victoria?


Recuerdo haber tenido zapatillas de loneta Victoria desde que era bien pequeñita. Mi madre me las compraba en diferentes colores e incluso una conocida suya me customizó unas pintándolas con algún motivo infantil -creo que eran unas fresitas- a juego con una camiseta. Bueno, entonces no se utilizaba la palabra "customizar", pero todos me entendéis. Eran cómodas de llevar y fáciles de mantener: simplemente las incluía en la lavadora con el resto de la colada. El truco estaba en meter un poco de papel de periódico en el interior al ponerlas a secar para que la punta conservase la forma. ¡Me encantaban!

También tuve este tipo de zapatillas siendo adolescente, pero llegó una época en la que tener unas Converse o unas Stan Smith era lo más y con ese espíritu tan poco patriótico que solemos tener los españoles, dejé de comprar Victoria durante una larga temporada. 



El redescubrimiento


Para mí el redescubrimiento llegó el verano pasado, cuando buscaba unas zapatillas de loneta para mi hijo. Las quería con puntera de goma, porque es la parte del calzado que suele destrozar, así que tenía en mente unas Converse. Sin embargo, descubrí que Victoria tenía una versión de este tipo de zapatilla en un montón de colores, con opción de cordones o sin ellos (con goma elástica). Eran fabricadas en España y más económicas que las Converse.

Dos pares le cayeron al muchacho, en marino y en negro, la mar de sufridas, que no dejó de ponerse en todo el verano.




Esta primavera, he sido yo la que me he hecho con unas Victoria de tenis en cuero blanco con un detalle plateado iridiscente en el talón. Me encantan: son súper cómodas y, a pesar de ser blancas, se mantienen bastante más limpias de lo que pensaba. Las estoy utilizando un montón.






Una bonita historia de amor


Calzados Victoria nació hace más de un siglo -en 1915- y tiene el nombre de la mujer que amaba su fundador, Gregorio. Leer esto en su página web ha sido lo que me faltaba para que el flechazo sea total.

Las precursoras de estas zapatillas de loneta y suela vulcanizada que mi generación llevó en su infancia y adolescencia fue diseñada al final de la década de 1910. Los primeros modelos se comercializaron bajo en nombre Keds y se conocían como sneakers ("to sneak up", acercarse sin ser notado) puesto que la suela de goma permitía un caminar sigilosamente. En décadas posteriores las popularizaron estrellas del celuloide y celebrities de la talla de Paul Newman, Marilyn Monroe, Steve McQueen, James Dean o Jean Birkin.


Estamos en 2016 y este calzado práctico, cómodo y tan imperecedero como unos buenos jeans, sigue siendo tendencia. Es una suerte que podamos seguir disfrutándolas en versión 100% made in Spain. 


Información de interés:

CALZADOS NUEVO MILIENIO S.L.
Pol. Ind. Tejerias
C/ Los Huertos s/n
26500 CALAHORRA (LA RIOJA)
Telf. 941 152 910
info@calzadosvictoria.com