jueves, 7 de abril de 2016

Fobia a la bandera y otros problemas patrios

Aprovechar las vacaciones para seguir aprendiendo


La semana pasada hice pirola del blog; quienes seguís Miss Eco Urbanita a través de las redes sociales (Instagram, Twitter, Facebook, Pinterest) sabéis que estaba disfrutando de unos días de vacaciones en Hungría, donde residen unos familiares. Ha sido un viaje muy interesante, recorriendo un país del conocía relativamente poco.

Una de las cosas que más me gusta cuando viajo es visitar los comercios locales: no los pensados para turistas, sino aquellos en los que los oriundos realizan sus compras cotidianas. Allí encuentras productos autóctonos a mejor precio y te haces una idea bastante aproximada de cómo es el consumo en la zona que estás visitando. Como no puede ser de otro modo, tengo especial manía en averiguar qué se come en el lugar, cómo están etiquetados los productos, de qué procedencia son… Hace algún tiempo, cuando estuve en París, publiqué un post sobre el etiquetado de los productos franceses, que podéis volver a leer pinchando aquí.





Nacionalismo, chauvinismo y barrer para casa

No es este un blog sobre política ni tengo intención de meterme en esos berenjenales. Baste decir que Viktor Orbán no es santo de mi devoción y que los nacionalismos –en cualquiera de sus versiones- me parecen miopes y obtusos. Sí me interesa, sin embargo, analizar el sentimiento de orgullo patrio en materia de consumo y el beneficio que éste tiene en materia de etiquetado. Es por ello que voy por los lineales de los supermercados olfateando cual sabueso banderas que identifiquen la procedencia de cada artículo.


El lastre de la historia de nuestra bandera para el etiquetado 

He encontrado banderas italianas, francesas, inglesas, húngaras, alemanas en productos de todo tipo, tanto en mercados españoles como en otros países. Sin embargo, encontrar una bandera española es una ardua tarea incluso en España (¿o debería decir “sobre todo” en España?). No es que no las haya, pero la proporción es mucho menor que la de cualquier otro país. Y claro, la pregunta es ¿por qué?

No soy miembro de la Real Academia de Historia, pero a nadie se le escapa que la bandera española se asocia en el imaginario colectivo al bando vencedor tras la Guerra Civil, a la dictadura franquista, al nacionalismo centralista… Bueno, ya me entendéis. Media España no se siente representada por este símbolo que asocia a la opresión, cuando en realidad debería ser un nexo de unión. Para colmo, en determinados territorios españoles, una bandera rojigualda es poco menos que un insulto o una declaración política de intenciones.

En lo político y en lo social mi pensamiento está en la onda de algo que dice Marilyn Monroe (creo que en “La tentación vive arriba”, no estoy muy segura) y que es más o menos: “En las guerras deberían ir todos desnudos, así no sabrían de qué bando son”. Sin embargo, en cuestiones de consumo, me da mucha pena que no se utilice más la bandera española para facilitar la identificación inmediata e inequívoca de los productos #madeinspain.



Las banderas regionales, nuestro premio de consolación

Últimamente veo muchas banderas aragonesas en los supermercados de mi Comunidad. No sé si en las vuestras sucede lo mismo. Las cadenas Simply y Eroski hacen gala de apostar por productos de proximidad, indicando con banderas aragonesas cada uno de estos productos o incluso agrupándolos en un display independiente convenientemente identificado. Bueno, algo es algo.



Tanto con la “Marca España” y yo no la veo por ningún lado

Llevo años oyendo hablar a los políticos de la Marca España y todavía no sé para qué sirve (ni cuánto nos cuesta a los ciudadanos). Si entráis en la web de este organismo, dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores, podréis leer: "Su objetivo es mejorar la imagen de nuestro país, tanto dentro como más allá de nuestras fronteras".  Sin embargo, después de navegar un rato por la página sólo encuentro publicaciones sobre la exportación de productos españoles a China, el estrechamiento de las relaciones bilaterales entre Cuba y España o el salto internacional de la cosmética española. 
También he encontrado artículos como éste (click aquí), en el que nos cuentan las excelencias del aceite español. Pero... ¿para cuándo una etiqueta que identifique de manera clara, visible e inequívoca que el aceite que estamos comprando es español y no procede de Marruecos?
Por el contrario creo que la legislación sobre etiquetado es un coladero de pimientos peruanos y lentejas canadienses y que en los supermercados hay más orgullo del “prodotto in Italia” y del “German quality” que del “Fabricado en España”. ¿A qué esperan para promocionar de verdad España dentro de España?

Señores, pónganse las pilas, porque si no nos queremos a nosotros mismos difícilmente nos querrán los de fuera.